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Evaluación del estrés hídrico con drones para mejorar la eficiencia del riego

Gestionar bien el riego es uno de los grandes retos de cualquier explotación agrícola. No se trata solo de aportar agua al cultivo, sino de hacerlo en el momento adecuado, en la cantidad necesaria y en las zonas donde realmente hace falta. En muchas parcelas, el agua no se distribuye de forma uniforme: hay áreas que retienen mejor la humedad, otras que se secan antes y sectores donde pueden aparecer fallos en emisores, presión o programación.

En este contexto, los drones pueden ser una herramienta muy útil para detectar estrés hídrico y mejorar la eficiencia del riego. Su valor no está en hacer una imagen aérea de la finca, sino en ayudar a identificar diferencias dentro de la parcela que desde el suelo pueden pasar desapercibidas.

La idea es sencilla: regar mejor, no simplemente regar más. En un escenario marcado por la escasez de agua, el aumento de los costes energéticos y la necesidad de producir de forma más eficiente, contar con información sobre el estado del cultivo puede ayudar a tomar decisiones más precisas.

En el caso del riego, la digitalización permite pasar de una gestión general de la parcela a una gestión más ajustada a la realidad de cada zona. Los drones ayudan a detectar dónde puede faltar agua, dónde existe una respuesta desigual del cultivo y qué áreas conviene revisar antes de hacer cambios en la planificación.

Qué es el estrés hídrico y por qué detectarlo a tiempo

El estrés hídrico aparece cuando la planta no dispone del agua que necesita para desarrollarse correctamente. A veces se debe a una falta real de agua, pero también puede estar relacionado con problemas de distribución, suelos con distinta capacidad de retención, compactación, pendientes, obstrucciones o una programación de riego poco ajustada.

El problema es que no siempre se ve desde el primer momento. Una planta puede empezar a sufrir antes de mostrar síntomas claros en las hojas, el color o el crecimiento. Cuando el daño ya se aprecia a simple vista, puede que el cultivo lleve varios días en una situación desfavorable.

Ahí es donde los drones aportan valor. Gracias a sensores térmicos, cámaras multiespectrales o imágenes de alta resolución, permiten revisar grandes superficies en poco tiempo y detectar diferencias internas dentro de la finca. Los trabajos de agricultura de precisión con drones pueden ayudar a optimizar el riego mediante información aérea del cultivo.

Esta información no sustituye la visita al campo, pero sí ayuda a saber dónde mirar primero. En vez de revisar toda la explotación con el mismo nivel de detalle, el agricultor o técnico puede centrarse en las zonas que muestran un comportamiento diferente.

Cómo ayudan los drones a detectar falta de agua

Para evaluar el estrés hídrico, uno de los sensores más útiles es la cámara térmica. Este tipo de cámara permite detectar diferencias de temperatura en la cubierta vegetal. Cuando una planta tiene suficiente agua, regula mejor su temperatura mediante la transpiración. Cuando le falta agua, esa capacidad se reduce y la temperatura puede aumentar respecto a otras zonas mejor hidratadas.

Ese contraste térmico puede representarse en un mapa y servir como señal de alerta. Por ejemplo, una zona con mayor temperatura puede indicar menor transpiración, falta de agua disponible o algún problema en el sistema de riego. Después, esa información debe comprobarse en campo para confirmar la causa.

También pueden combinarse imágenes térmicas con imágenes multiespectrales. Mientras la cámara térmica ayuda a detectar diferencias de temperatura, la multiespectral puede mostrar variaciones de vigor o actividad vegetal. La combinación de ambas permite obtener una visión más completa del estado del cultivo.

Del mapa térmico a una decisión de riego

El verdadero valor del dron aparece cuando las imágenes se procesan y se convierten en mapas útiles. Un mapa térmico puede mostrar qué zonas presentan mayor temperatura. Un mapa de vigor puede señalar áreas con menor desarrollo. Al cruzar esa información con el conocimiento de la finca, es posible entender mejor qué está ocurriendo.

Por ejemplo, si una zona aparece con mayor temperatura y menor vigor, puede ser necesario revisar el riego, comprobar emisores, analizar el suelo o verificar si hay algún problema sanitario. Si el patrón se repite en una línea concreta, puede estar relacionado con una obstrucción o una diferencia de presión.

En este punto, el dron actúa como una primera lectura de la finca. Detecta, ordena y ayuda a priorizar. Después, el criterio técnico confirma el origen del problema y define la respuesta más adecuada.

Esta forma de trabajar encaja con la agricultura de precisión para pequeñas explotaciones, porque no se trata de usar tecnología por moda, sino de aplicar herramientas concretas para resolver necesidades reales.

Regar mejor, no solo regar más

Uno de los errores más habituales en la gestión del agua es pensar que la solución siempre pasa por aumentar el riego. Sin embargo, muchas veces el problema no está en la cantidad total de agua, sino en cómo se reparte dentro de la explotación.

Una finca puede estar consumiendo un volumen importante de agua y, aun así, tener zonas con déficit y otras con exceso. Esto puede ocurrir por diferencias de suelo, fallos en el sistema, mala uniformidad, problemas de presión o una programación que no se adapta bien a las necesidades del cultivo.

Los drones ayudan a detectar estos desajustes. Al observar la parcela desde arriba, es más fácil identificar patrones que desde tierra pueden pasar desapercibidos. Esto permite revisar sectores concretos, ajustar turnos, comprobar instalaciones y evitar decisiones demasiado generales.

Los drones pueden utilizarse para controlar el riego en cultivos, detectar necesidades y apoyar trabajos de agricultura de precisión.

Una herramienta útil, pero no automática

Aunque los drones ofrecen información muy valiosa, es importante no tratarlos como una solución automática. Un mapa térmico puede señalar una zona con comportamiento anómalo, pero no siempre explica por sí solo la causa exacta.

Una temperatura más alta puede estar relacionada con falta de agua, pero también con diferencias de suelo, viento, orientación, estado sanitario o condiciones del momento del vuelo. Por eso, la información aérea debe comprobarse siempre en campo.

La revisión puede incluir observación directa del cultivo, comprobación de emisores, medición de caudales, análisis de suelo, sensores de humedad o revisión del historial de riegos. Cuando se combinan todos esos datos, el diagnóstico es mucho más fiable.

En algunos casos también se utilizan indicadores como el CWSI, conocido como índice de estrés hídrico del cultivo. Este índice puede servir como guía para avanzar hacia un riego de precisión, siempre que se interprete correctamente.

Gestionar mejor cada gota

La evaluación del estrés hídrico con drones permite detectar señales tempranas, localizar zonas problemáticas, revisar la uniformidad de la parcela y tomar decisiones con mayor información.

En un escenario donde el agua es cada vez más valiosa, la clave no está solo en regar, sino en saber cuándo, cuánto y dónde hacerlo. Los drones ayudan a responder mejor a esas preguntas y a convertir la información del cultivo en acciones concretas.

Esta tecnología no sustituye la experiencia del agricultor ni el criterio técnico, pero sí los refuerza. Aporta una visión aérea, rápida y detallada de la explotación, facilita el diagnóstico y ayuda a priorizar actuaciones.

Bien aplicada, puede convertirse en un apoyo práctico para trabajar mejor, ahorrar recursos y avanzar hacia una agricultura más eficiente y sostenible.

Si quieres recibir orientación sobre soluciones digitales para tu explotación, puedes contactar con la Oficina Virtual AceleraPyme ASAJA Granada o consultar su Centro de conocimiento.

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